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martes, 27 de mayo de 2014

ENCUADERNACIÓN BRADEL ELEGANTE

La encuadernación bradel elegante o a tres piezas, al principio era solo una manera de montar los libros de forma provisional, aunque no por ello perdían belleza y robustez, sin lugar a dudas es un método bastante aceptable para conseguir que las tapas de un libro abran bien y no tiren. Se reconocen con facilidad por su amplio canal, que permite una buena apertura del libro, así como por el montaje del mismo en tres piezas, el lomo y los dos planos por separado. Debido a ello se puede jugar con dos colores o dos materiales distintos, bien sea piel, tela o papel. Se embellece y se dignifica este trabajo con un relieve compuesto por planos.


Para cortar las tapas necesitaremos dos tipos de cartón, el que usamos habitualmente más una cartulina, que a la vez nos servirá de contrafuerte.


Ilustración de Soraya López Aranda
Para los planos se cortará a la misma medida una cartulina del nº5, más el cartón habitual. Cortamos el lomo como siempre, a su medida. 


Primero se cortará el material del lomo, el material tendrá la misma altura que el libro más tres centímetros, su anchura será la misma que la del lomo más 4 centímetros.
La cartulina tendrá el mismo ancho del libro más, siendo la altura la misma de las tapas del libro.


Cuando vayamos a montar este material, este debe de sujetar a la vez las cartulinas de los planos, dejando 9 mm. de canal.


Seguidamente se preparará el material de los planos anterior y posterior, que cortaremos teniendo en cuenta el perímetro del cartón, más 1,5 centimetros por lado. Encolamos el material y lo pegaremos el plano sobre el y se doblará solo por la parte del lomo.


Tendremos de esta forma tres piezas, una formada por el lomo más dos cartulinas sujetas a él, y otras dos formadas por los dos cartones de los planos, en los que el material solo dobla por un lado. Será en este momento cuando ensablaremos todas las piezas, para lo cual daremos una fina capa de cola sobre la cartulina a la que fijaremos los planos perfectamente superpuestos a ellas.



A continuación se pasarán por la prensa con una presión razonable, sin ejercer demasiada presión hasta el secado de la cola. Cuando las tapas estén secas y ya fuera de la prensa, se girará el material de los planos hacia el interior, sujetando de esta manera la cartulina inicial.


Debido al encolado de cartón y cartulina en los planos, estos adquirirán una gran resistencia ya que la cartulina forma un contrafuerte y contrarresta el efecto del material. 

Ilustración de Soraya López Aranda


Cuando se haya terminado la tapa se monta el libro como es habitual.


domingo, 27 de enero de 2013

EL CHIFLADO

La chifla es una voz técnica tardíamente tomada del árabe "chafra' entre otras cosas significa "chaira de zapatero".

Chifla
Con ella los en­cuadernadores procedemos a chiflar, es decir, rebajar la piel por sus bordes para volverla más fácilmente sobre los cantos de los cartones y pegarla en el contraplano. También se chifla en el lugar donde irán los falsos nervios para que estos puedan resaltar, e igualmente en el sitio de la bisagra, si la piel es gruesa, y en lo alto y bajo del lomo para que se pueda hacer la gracia con faci­lidad.
Chifla francesa

Para emplear la piel en una encuadernación es necesario chiflarla previamente. El chiflado de la piel consiste en biselar la flor para que no se forme diferencia de grosor entre la piel y la tapa del libro. Lo idóneo es biselar  sobre piedra litográfica, que es una piedra caliza; por lo tanto, porosa y antideslizante. Se chifla haciendo un bisel muy fino, de manera progresiva, desde el interior hasta el perímetro de la pieza de piel.

Chifla inglesa
 Como chiflar, podriamos sintetizarlo de la siguiente manera:
- Piedra Litografica
- La mano que sujeta la piel siempre por detrás del corte de la chifla.
- Con la chifla hay que ir cortando lo menos inclinada posible.
- SIEMPRE DANDO CORTE.
- Siempre desde dentro de la piel hacia el borde.
- Quitar copos, sacudir la piel y limpiar piedra.
- También haciendo pequeños cortes paralelos entre si y perpendicularmente al borde.

lunes, 21 de enero de 2013

EL DORADO

El dorado es incompatible con las prisas y con la impaciencia. En el dorado se parte siempre de reglas generales que es preciso respetar, sino queremos llevarnos desagradables sorpresas. Quien no las cumple, repito, de entrada se lleva sorpresas inauditas, que tienen mal o peor remedio. Es por ello mi insistencia desde el principio, y desde este momento, como docente, y la insistencia de la mayoría de los buenos maestros en ensayar, ensayar y ensayar.
La práctica y la constante atención del que va a aprender a dorar a lo que está haciendo, es el mejor de los maestros, sobre todo en el tema del calor.


Se dice, que para aprender a dorar bien se necesitan 10 años de práctica y que el dorador no solo esté entusiasmado con lo que hace, sino que busque la manera de enriquecer su experiencia, pues la técnica avanza cada día, y cada día surgen nuevos materiales que pueden en muchos casos, por unas causas o por otras, sustituir por su mayor facilidad o belleza a los que estamos empleando. Tal ha sido el caso de la película de oro. Que sustituye al oro batido o pan de oro.

Naturalmente se puede dorar con menos tiempo de práctica, sino magistralmente, si de una forma aceptable para que los libros queden en nuestra biblioteca, con un aspecto bonito, agradable y decoroso.


Hay que insistir que no debemos desfallecer, al ensayar y repetir una y otra vez, hasta que la practica continua nos haga empezar a sentir cierta seguridad. Teniendo en cuenta que el dorador más experto también falla, pero también tiene sus cinco sentidos abiertos a cualquier detalle que le pueda servir para rectificar su error: una piel nueva o una piel desconocida, la temperatura o la humedad, el desconocimiento del material usado, el cambio en la calidad de la película de oro, o cualquier otra cosa, le sirven, para contrastarlo con su experiencia y ver si puede ayudarlo en su trabajo.
Cuando la calidad y la limpieza del dorado deja que desear y no se ve con claridad y resplandor en los dorados, hay que preguntarse, ¿por qué?
Siendo sinceros en la respuesta, sin echarle la culpa a la clase de piel o a su sequedad o al poco o mucho calor de la paleta, la culpa es nuestra, por no haber cuidado todos los detalles, o por lanzarnos a dorar sin practicar sobre una muestra o recorte de la piel del libro, que nos sirva de prueba de lo que vamos a hacer.
 EN EL DORADO NO HAY PRISAS.

sábado, 12 de enero de 2013

ENCUADERNACIÓN



Inauguro esta sección con una reflexión sobre la encuadernación. La encuadernación es un arte amenazado. Las modernas tecnologías lo han convertido en un proceso mecánico con una mínima intervención de la mano del hombre. Aunque las técnicas han progresado mucho, encuadernar y embellecer libros antiguos que por un motivo u otro se encuentran deteriorados, supone para el restaurador un compromiso y un desafío que brinda una satisfacción plena al artesano encuadernador. 




Siempre he pensado que los libros jamás desaparecerán. Forman parte de nuestra historia y de nuestra cultura, y hay más gente de la que suponemos que prefiere el formato impreso.
Amo los libros, casi todo lo que soy se lo debo a ellos. 
Por lo que la encuadernación goza  de una  muy buena salud, ya que todo lo que se esta cociendo a su alrededor no hace más que fortalecer y fomentarla.
 
Ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿qué leerán? Y al fin, libros y personas se encuentran.

André Gide